Diana estaba en su habitación, esa que Gabriel le había asignado para que durmiera lejos de él, como quien aparta algo que ya no quiere cerca.
Ella tenía los ojos abiertos, clavados en la pantalla del teléfono, viendo cómo sus fotos y videos íntimos se multiplicaban por todo Internet como una plaga imposible de detener.
Respiraba con dificultad, como si cada imagen le arrancara un pedazo de dignidad. Se sentía expuesta y destruida de todas las formas posibles.
—No… —susurró, tragando saliva