Quince horas.
Habían pasado quince largas y dolorosas horas desde que Doris y Blade desaparecieron, y cada segundo se sentía más pesado que el anterior.
La persona que llamó desde el número oculto se había silenciado, dejándonos sin nada más que un rastro sin salida. Habíamos agotado cada pista, pero Lucious seguía siendo un fantasma, y el origen de ese misterioso número estaba enterrado bajo capas de un cifrado digital imposible de rastrear.
Los equipos de rastreo regresaron uno tras otro sin