—¿Qué acaba de pasar allá dentro, Alfa? —preguntó, con la voz apenas en un susurro—. Clara… está diferente. ¿Y si de verdad perdió la cabeza? ¿Y si está realmente inestable?
No dejé de avanzar mientras me dirigía hacia la casa principal de la manada, con el corazón martilleándome contra las costillas por una razón completamente distinta. La imagen de Clara riendo y llorando al mismo tiempo volvió a cruzar por mi mente.
—La celda la cambió —respondí—. El aislamiento convirtió su obsesión en algo