–¡Tú…! ¿¡Qué haces aquí!?– Leila preguntó, levantando la voz y mirando a Valentina con rabia.
–Tranquila– dijo Valentina entrando al cuarto, caminando lenta y graciosamente hacia la cama con los brazos cruzados.
–Solo vine a ver cómo estás, pero a juzgar por tu humor y tu disposición a gritar, veo que no fue tan grave como hicieron parecer–
Leila apretó los dientes. –¿Dónde está Alexander? ¿Qué le dijiste para que no viniera a verme? ¿Lo amenazaste con el divorcio y un escándalo? ¡¿No entiendes