Valentina suspiró agotada al ver a las asistentes traer otras revistas con modelos de vestidos de novia. Ya no podía más con tantas fotos, tantos tejidos, peinados, zapatos; le empezaba a doler la cabeza. Y eso sin contar que su suegra rechazaba cada una de sus elecciones alegando que eran “demasiado simples para la novia de mi hijo”, mientras ella se quedaba allí eligiendo como si fuera realmente la novia. Creía que su madre era terrible cuando intentaba vestirla como un maniquí sin voluntad,