Valentina soltó una risa seca y forzada, y una lágrima se le escapó al ver el silencio y la expresión de Alexander. Una respuesta clara a su pregunta.
—Pero qué pregunta tan idiota, ¿no? Es obvio que me vas a dejar y correr con ella hacia el atardecer. Al fin y al cabo, yo solo soy la prometida falsa con la que te viste obligado a casarte, y ella es la mujer que amas—
Valentina retiró su brazo de la mano de él.
—Vete de aquí, lárgate—
—Te dejaré en casa y después me iré. Ahora sube al coche—
—N