Valentina tragó el dulce que tenía en la boca, que de repente se volvió amargo y difícil de pasar. Estaba tan nerviosa cuando sus padres le hablaron de la cena que había olvidado que aquel hombre desagradable y detestable era el hijo único y heredero de aquella familia.
Alexander dejó escapar una risa seca y burlona, carente de gracia.
—¿Así que este es tu pasatiempo de niña rica y consentida? ¿Llevar una doble vida? Fingir ser secretaria y, por otro lado, ser la hija trofeo de los Medina… ¿Es