Valentina giró el rostro hacia un lado, sonrojada y avergonzada por aquella situación.
—¡S-sal!— sal
Aquellas palabras despertaron a Alexander, que salió de su trance parpadeando varias veces y se incorporó en un movimiento, volviendo a su asiento.
Valentina también volvió a sentarse y se creó un ambiente extraño e incómodo. Ella volvió a presionar el botón del cinturón para salir cuanto antes de aquel coche que se había vuelto absurdamente caliente y sofocante, incluso con el aire acondicionado encendido, pero seguía sin funcionar, lo que aumentaba su nerviosismo y su vergüenza ante toda aquella situación.
Alexander volvió a acercar la mano, y Valentina rápidamente retiró la suya, dejándolo abrir el cinturón sin objeciones.
Sin mucho esfuerzo, Alexander soltó el cinturón y volvió a mirar al frente como si nada hubiera pasado.
Valentina tomó su bolso y salió del coche sin decir una palabra, y con pasos rápidos entró en la mansión.
Alexander se giró mirando a la mujer que acababa de ba