Valentina giró el rostro hacia un lado, sonrojada y avergonzada por aquella situación.
—¡S-sal!— sal
Aquellas palabras despertaron a Alexander, que salió de su trance parpadeando varias veces y se incorporó en un movimiento, volviendo a su asiento.
Valentina también volvió a sentarse y se creó un ambiente extraño e incómodo. Ella volvió a presionar el botón del cinturón para salir cuanto antes de aquel coche que se había vuelto absurdamente caliente y sofocante, incluso con el aire acondicionad