Serena no supo cuántas horas permaneció sentada allí en el suelo del pasillo del hospital; los guardias, enfermeros y médicos intentaron convencerla de que se levantara para hacerse algunos exámenes o ir a un lugar más cómodo, pero ella se negaba, permaneciendo allí sentada mirando a la nada, aferrada al abrigo de Dominic que la cubría como si fueran sus brazos, su olor, su calor, como si él estuviera allí con ella.
–¡Serena!– Sindy corrió hasta Serena y se agachó. –Estoy aquí, ¿estás bien?– preguntó preocupada y con lágrimas en los ojos.
–Sindy...– Serena levantó la cabeza mirando a Sindy, y más lágrimas cayeron de sus ojos. –Es culpa mía, si Dominic muere es culpa mía–
Sindy abrazó a la amiga. –Tranquila, él no va a morir, es un hombre fuerte, no lo hará. Ahora ven, no puedes quedarte aquí en este suelo frío, tú también estás enferma y necesitas cuidarte, ¿recuerdas? Y estoy segura de que Dominic se molestará si despierta y te ve mal, así que ven, vamos a sentarnos allí–
Sindy ayudó