Serena no supo cuántas horas permaneció sentada allí en el suelo del pasillo del hospital; los guardias, enfermeros y médicos intentaron convencerla de que se levantara para hacerse algunos exámenes o ir a un lugar más cómodo, pero ella se negaba, permaneciendo allí sentada mirando a la nada, aferrada al abrigo de Dominic que la cubría como si fueran sus brazos, su olor, su calor, como si él estuviera allí con ella.
–¡Serena!– Sindy corrió hasta Serena y se agachó. –Estoy aquí, ¿estás bien?– pr