Capítulo 50

Al día siguiente, cuando la jornada estaba a pocos minutos de finalizar, Enxo volvía a estar muerto de hambre. El estruendo de su pala, y de las demás, chocando contra las rocas cubría los sonidos que hacía su estómago cada poco tiempo. El sudor le resbalaba por la frente hasta llegar a su cuello y la sed también lo torturaba. Daba cinco paladas y, en un impulso que no podía controlar, miraba a su alrededor; hacía ya un rato que Dehna había desaparecido de su vista.

-¿Hoy también irás

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