Mundo ficciónIniciar sesiónFormaba fila, para que le rellenaran el plato con papas y alguna otra cosa que no alcanzaba a distinguir; era una de las últimas y, cuando llegó su turno, la papa se acabó. El que repartía las raciones, un hombre que rondaba la treintena, que ella había visto alguna vez en los entrenamientos y que debía ser también el cocinero, maldijo en voz alta y se un instante para hablar con alguien. Volvió maldiciendo, se acercó, y Amira estaba a punto de decir que no tenía hambre y de irse cuando el ho







