Hadassa.
Verdugo…
Cuando un vestido largo y ligero adornó mi cuerpo, vi a través del espejo de cobre como Ara se esforzó en cepillar mi cabello todavía húmedo, mientras otra mujer frotaba unos aceites en mis brazos.
Debajo del vestido habían puesto nuevas vendas, que incluso sostenían mi estómago, y me calmaban el miedo que tenía por enfrentarme nuevamente a mi tormento.
Me puse de pie cuando estuve lista, y salí esperando tener un montón de guardias en mi puerta. Sin embargo, esto no fue así,