[Adriana]
El penthouse quedó sumido en un silencio sepulcral después de que Alan diera la última orden a su vicepresidente financiero.
La maquinaria de destrucción corporativa que acababa de poner en marcha para aniquilar a Lorenzo Conti era abrumadora. Alan dejó el teléfono sobre la mesa de cristal del salón y se recargó pesadamente contra el respaldo del sofá de cuero blanco. Cerró los ojos, masajeándose el puente de la nariz con el pulgar y el índice.
Había salvado su empresa. Había contenid