Capítulo 07: Sed de venganza.

Capítulo 07: Sed de venganza.

—¡Es por aquí, vengan! —exclamó Farah, guiando a los guardianes en medio del bosque.

Fue entonces cuando sintieron la inconfundible presencia del Alfa… sus feromonas imponentes. Y escucharon las pisadas de sus botas, entonces… se detuvieron.

Farah se sorprendió al ver la escena.

Azrick avanzaba sosteniendo entre sus brazos a esa hembra de largo cabello blanco, semi desnuda, con su bata hecha tirones y la sangre bañando su cuerpo.

Aun con todo esa imagen… ella lucía hermosa.

—¿La… la intrusa? —recalcó Farah, acercándose a pasos rápidos—. ¡Suéltala, Azrick! ¡Es enemiga! ¡Puede ser peligrosa!

Farah sacó sus garras mientras se acercaba con más rapidez, lista para atacar.

—Es cierto, Alfa. No debería cargar a una intrusa —dijo otro de los lobos.

—Es muy… blanca —murmuró otro, viéndola como una rareza a la que poco estaban acostumbrados en el Sur.

Farah reaccionó de inmediato.

—¡TIENE QUE SER DEL NORTE, HAY QUE MATARLA! —sentenció la hembra.

Pero cuando ella ya estaba a nada de tocarla… la mirada afilada y gris de ese macho se clavó en ella como una advertencia peligrosa.

—No la toques.

Farah quedó congelada.

—¿La estás defendiendo…? ¿A una intrusa? —recalcó Farah, sin poder creer la orden de su prometido.

—Por el momento, ella será una prisionera del Sur. Aléjate, Farah —ordenó Azrick.

Ella quedó en shock y retrocedió.

Él continuó caminando, pasándole de lado con Keyla en sus brazos.

«¡No! ¡¿Quién es esa m@ldita loba?! ¿Qué vino a hacer aquí?», se quejó Farah con su loba.

«Tranquila…», intervino May, su loba interior. «Mírala bien. No tiene marca del destino. No es su mate, Farah. Es solo un juguete roto del Norte. Nos desharemos de ella pronto.»

………….

✧✧✧ Dos días más tarde. ✧✧✧

Keyla se retorcía en la cama de paja, atrapada en una agonía que no terminaba.

El sudor frío empapaba su frente, pegando mechones de cabello blanco a su rostro pálido. Sus dedos se clavaban en la manta con desesperación.

En su sueño, volvía al Norte. Sentía las garras de Kayzer desgarrando su pecho y veía cómo le arrebataban a su bebé.

—¡No… Kayzer, por favor! —balbuceó, luchando contra el recuerdo.

—¡¡NOOO!!

Gritó y se sentó de golpe. Tenía los ojos desorbitados y el corazón le martilleaba en las costillas.

La luz del sol se filtraba por los barrotes, iluminando el polvo del calabozo.

Keyla olfateó instintivamente: piedra húmeda, hierro y hierbas amargas. No había rastro de la nieve del Norte.

—¿Una… cárcel? —susurró con la voz quebrada.

Un dolor punzante le atravesó la cabeza al intentar moverse. Se llevó las manos a la sien, gimiendo.

Y recordó todo…

La traición de su mejor amiga, el rostro frío de su esposo… y sus garras atravesándola con violencia.

Y su pobre bebé.

Todo fue real.

Keyla comenzó a revisar su cuerpo, notando que estaba limpia, como si alguien la hubiera aseado.

Sus heridas, raspones y moretones habían desaparecido por completo. Digna aceleración curativa de una Alfa de su nivel.

Ella, con las manos ligeramente temblorosas, levantó la falda del vestido hasta la altura de su cintura y revisó su vientre.

Las cicatrices de las garras de Kayzer seguían ahí con crueldad… pero ya habían cerrado.

—Era una herida mortal… ¿cómo? ¿Quién me sanó? —susurró ella.

Seguidamente, Keyla llevó su mano a su pecho, donde antes se ubicaba su "marca del destino", pero ahora solo sintió su piel desgarrada y pequeñas manchas oscuras en su piel pálida, de lo que antes fue una media luna.

Las lágrimas se asomaron por las comisuras de sus ojos.

Una noche en que su amado Alfa la destruyó, le robó lo que tenía y la echó como un pedazo de basura de su hogar… el Norte.

Limpió sus lágrimas con torpeza. El dolor en su pecho empezó a transformarse en un odio gélido.

—Tengo que volver… —dijo, y su voz recuperó la firmeza—. Debo recuperar el cuerpo de mi bebé.

Se apoyó en la pared de piedra para ponerse de pie. La rabia ardía en su interior.

—Te lo juro, Kayzer… voy a hacerte vivir un infierno peor que el que me hiciste pasar.

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