DESPEDIDAS DOLOROSAS.
Estefanía.
Nunca imaginé que me dolería tanto despedirme de Rodolfo y de Libia. En el momento en que los brazos de mi padre me envolvieron, deseé irme con él y dejar esta farsa que yo misma había propiciado.
—Muy pronto nos veremos, hija mía, que Dios te bendiga —dijo mientras continuaba ostentándome en su abrazo.
—Promete escribirnos —agregó Libia.
—Por supuesto que lo haré, nunca lo pongas en duda —les prometí.
—Cómo pasa el tiempo, tú inicias tu propia familia y nosotros nos