Gaia
El aire en el salón del banquete se había vuelto denso, impregnado con el perfume rancio de las frutas olvidadas y el hedor metálico de la sangre que ya reclamaba su lugar. Gaia sentía cada latido como una punzada de fuego en su pecho exhausto; su cuerpo era una ruina de seda azul y carne herida, un mapa de dolor trazado por la crueldad de Astharoth. Sabía que no había salida, que sus ataques anteriores no habían sido más que el último baile de una sombra antes de ser devorada por la noc