Conan
Me adentré en la espesura del bosque con el alma en un hilo. Tras lo ocurrido con Violette, no quise darle las riendas a mi bestia ya que con lo que pasó no confiaba en mi propia cordura; tenía miedo de perder la cabeza. Ya no podía saber en dónde estaba Gaia, ya que nuestro vínculo ya no existía y ese silencio en mi pecho me estaba matando.
Pero me concentré en el vínculo con Rhea. Al cerrar los ojos para buscarlo, el pánico me envolvió por completo: mi hija estaba asustada. Ya no me importó el riesgo de mi propia locura; corrí por el bosque a toda velocidad dando rienda suelta a mi bestia, con el temor de perder el juicio pero tenía que hacerlo. Tenía que llegar a ella.
Antes de escuchar el sonido del río, escuché el llanto de mi hija que se movía en el bosque. La bestia corrió parando en seco a Mika. Me obligué a transformarme para mirar a la mujer que estaba en una crisis de pánico total, con la mirada perdida y las lágrimas en el rostro. La tomé por los hombros como h