Cap. 34 El nacimiento de la desesperación.
—Él tiene razón —dijo Aida, con tono serio—. No tenemos mucho tiempo. En otra ocasión te lo contaremos todo, pero lo que debes saber ahora es esto: pase lo que pase, no le des tu sangre a nadie. Si alguien la toma… podría cambiar su comportamiento o su mente.
—¿Qué? —Ino se preocupó al escuchar eso.
Karma intervino:
—Lo que dice ella es verdad. Es peligroso. Las últimas personas que tomaron mi sangre… están muertas o en prisión.
Aida añadió:
—Por ejemplo, mi sangre enamora a las personas.
—Y la