Kara estaba de pie en la acera frente a la oficina de Blake y leyó esas cuatro palabras seis veces.
Nunca me fui, cariño.
Su madre la había llamado así solo una vez, que ella recordara. En la parte trasera de ese auto. Con los ojos rojos y voz firme. Entregándole a una niña de seis años algo demasiado pesado para sus pequeñas manos.
Nadie más conocía esa palabra.
Nadie vivo.
Sus dedos permanecieron completamente inmóviles sobre el teléfono. Todo a su alrededor, Xavier pronunciando su nombre, el