Dos meses después en Mascate…
Palacio de Omán.
—Eres la mujer más bella, que mis ojos han visto… —Zahida reprimió sus lágrimas y miró a Adalia que sostenía sus manos—. Por favor, nunca olvides tu valor, y tus raíces… nunca te desentiendas de Yemen, ni de tus responsabilidades y privilegios.
Zahida negó rápidamente y parpadeó.
Era una llorona y para esta hora, ya habían arreglado su maquillaje varias veces.
—Nunca lo haré… lo prometo… —Abrazó a su madre con fuerza, y Adalia tomó una aspiración g