Ella no se llama Rania …
El silencio que siguió fue profundo. Rania observó el cambio en la expresión de Hakim, notando cómo la alegría inicial por su revelación daba paso a una sombra de preocupación y, posiblemente, algo que estaba conteniendo. La tensión entre ellos creció, palpable, pero esta vez por razones muy diferentes a las anteriores.
—Hakim… —empezó Rania, su voz, un hilo de incertidumbre, temerosa de romper el frágil equilibrio que habían alcanzado con su reencuentro—. ¿Estás bien?