Llegué a Londres y mis padres ya me esperaban en casa —hijo, ¿cómo estás? ¡Qué alegría verte! ¿Te esperábamos ayer? —Sí, mamá, tuve algunas cosas que hacer, pero ya estoy aquí, papá, ¿cómo han estado las cosas por acá?
—muy bien hijo, aunque estuve viendo esa nueva empresa en que invertiste y no me gusta mucho, tiene una mala administración.
—sí, padre, por eso he estado siguiendo a Alexander y debo decir que lo que descubrí ese hombre no me gustó para nada. Gracias a Dios compré el 70% de la e