CAPÍTULO 83. Conexiones inesperadas.
CAPÍTULO 83. Conexiones inesperadas.
Escuchamos a Devon lamentarse un rato más, y si soy honesta es odioso.
—Maldito infeliz —gruño entre dientes—. No puede vivir sin dos dedos, pero no importó matar a sus tres hijos.
Viggo me abraza y estamos a punto de irnos cuando la voz de un hombre mayor resuena en la habitación de Devon.
—Entiendo que estés molesto, pero tienes que calmarte. Si hubieran traído los trozos de los dedos a tiempo, quizás habríamos podido pegarlos. Pero sin ellos, no hay nada