CAPÍTULO 32. No estoy interesada en ti
CAPÍTULO 32. No estoy interesada en ti
Abro los ojos lentamente y me cuesta comprender dónde estoy o recordar qué ha pasado. Lo primero que veo es el techo blanco y la luz tenue de la habitación; y el inconfundible olor a desinfectante me lo confirma: estoy en un hospital.
Siento un apretón suave en la mano, volteo la cabeza y ahí está el abuelo, sentado en una silla junto a mi cama, con los brazos cruzados y una expresión preocupada, una que se llena de calma cuando se da cuenta de que estoy d