CAPÍTULO 24. Maestro de espadas
CAPÍTULO 24. Maestro de espadas
El día pasa rápido, lleno de reuniones, y cuando me despido en la tarde para irme a casa, Christian todavía tiene el mismo entusiasmo de la mañana. Es evidente que está listo para comerse el mundo, pero al día siguiente en cuando llego a la oficina, lo primero que noto es que está de un humor de perros.
Su expresión está tensa, los nudillos de una de sus manos golpean rítmicamente el escritorio, y su café, que siempre bebe caliente, sigue intacto.
—¿Qué fue lo qu