Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos cinco días habían pasado con la lentitud de hielo derritiéndose en invierno. Cada hora era una negociación silenciosa con su propia cordura mientras Danna aprendía los ritmos de su prisión. El desayuno a las siete en punto. El almuerzo a la una. La cena a las ocho. Don Vidal presente en cada comida como reloj suizo que nunca fallaba ni permitía variaciones.







