Mundo ficciónIniciar sesiónEl sótano de la casa de Auckland había sido transformado en algo que ninguno de ellos había imaginado necesitar jamás. Lo que una vez fuera un espacio de almacenamiento con cajas polvorientas y herramientas abandonadas, ahora albergaba una silla de metal atornillada al suelo de concreto y un hombre que respiraba con dificultad a través de una mordaza improvisada.
Paolo Greco tenía cuarenta y cinco años y las manos callosas de quien hab&i







