Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana había llegado con esa claridad particular que solo Auckland sabía ofrecer, pero Emma Harrison no podía apreciar la belleza del día. Había pasado la noche despierta, las palabras de Igor resonando en su mente como un eco persistente: Sarah Martin no existe. Cada vez que cerraba los ojos, veía la expresión de pánico en el rostro de Sarah cuando recibió esa llamada misteriosa, la forma abrupta en que había aba







