Jasmine entró en casa con Roberta en brazos y la cabeza llena de pensamientos. La conversación con Pedro había removido algo profundo, un lugar que ella guardaba con llave.
Ese recuerdo doloroso del pasado, que durante tanto tiempo había evitado, ahora parecía tener contornos más suaves, no porque doliera menos, sino porque había sido compartido. Y, de algún modo, eso lo cambiaba todo.
Mientras Roberta se acomodaba en el sofá con su almohada favorita, Jasmine fue a la cocina y puso la tetera