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Aiden me mira por encima de las pestañas, con los puños metidos en los vaqueros y la expresión cenicienta, como si hubiera perdido la vitalidad y se sintiera turbado.

No sé en qué estoy pensando cuando acorto los pasos que me separan y le cojo de la mano, pero al mismo tiempo pidiéndole su expreso consentimiento a Sam con la mirada, a lo que responde asintiendo con la cabeza mientras me hace un gesto con el pulgar y el meñique, simulando

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