Mundo ficciónIniciar sesiónMiro el reloj de mi muñeca y atisbo que me quedan quince minutos para que la charla termine. Permanezco sentada detrás de la mesa, micrófono en mano, después de haber contado mi vida a un auditorio lleno de gente que me escucha como si les estuviera contando el secreto de la felicidad, cosa que no podría estar más lejos de la realidad.
Las lágrimas me empañan los ojos, pero me obligo a mantenerme firme y con la cabeza fría







