Llegaron muy rápido en el Jet privado de Max. Literalmente nada más durmió, comió, vió televisión y volvió a dormirse para descubrir que ya estaban en Atenas, el lugar donde él vivía.
Debía admitir que todo fue bastante más tranquilo de lo que se imaginaba que sería, porque para empezar despedirse de México no se le hizo tan complicado. Luego del bautizo se despidió de sus amigas, todas ellas felices porque Lisa había encontrado trabajo y deseándole suerte. Excepto Esmeralda, que la llevo a un lado para advertirle:
—Sé que ya estás grande y tomas tus propias decisiones, solamente te pido que tengas cuidado. Max Vasilakis es un conocido mujeriego, no permanece mucho tiempo con la misma mujer, te pido que lo pienses dos veces antes de entregarlo tu corazón —ella la había abrazado con fuerza—. Sabes que eres como una hermana para mí, y me mataría que alguien te hiciera daño.
Pero Lisa le había dado una sonrisa tranquilizadora (que no sentía, pero tenía que hacerlo) y le había asegurado