Hicieron lo que les correspondía hacer como padrinos, y se colocaron a un lado, ella mirando sus pies como si fueran la cosa más interesante del mundo y él con la vista fija en la capilla.
Finalizo el bautizo y cuando estaban todos alejándose a las barras de comida adentro, ella esperó pacientemente a que se fueran todos, murmurando que iría en un segundo. No pudo ignorar las sonrisas de complicidad que le daban sus amigas.
Cuando se quedaron solos, volteó lentamente, cara a cara con su Lobito