30. Hay grietas entre nosotros
A la mañana siguiente, el sol entraba por las cortinas de la mansión Volkov con una suavidad que debía ser exquisita, aunque para Alessia no significaba nada.
Había dormido poco y mal. La conversación con Vladimir la había dejado con un sabor amargo, como si cada palabra pronunciada anoche siguiera flotando en el ambiente, negándose a desaparecer.
Mientras se vestía frente al espejo, notó algo en sus ojos que antes no estaba: una quietud extraña, como una calma después del desastre. No era paz