29. Cansada de amarte
Había pasado una semana desde la noche en la que Alessia expulsó a la amante improvisada que Vladimir llevó para castigarla. Desde entonces, ella no había vuelto a derramar una lágrima frente a él. Había aprendido a esconderlas, a secarse el rostro antes de que él entrara a la habitación, a guardar silencio cuando sentía que el corazón se le hundía.
No era sumisión.
Era supervivencia.
Aun así, los días avanzaron con una calma tensa. En la mansión Volkov todos parecían notar que algo había cambiado entre los recién casados, pero nadie se atrevía a mencionarlo. Vladimir se mostraba más atento, más presente, casi intentando reparar lo irreparable; pero Alessia seguía distante, como si una parte de ella hubiera quedado encerrada en aquel instante donde vio a otra mujer gimiendo debajo de su esposo.
Aquella noche, se llevó a cabo una cena formal en la mansión principal. La mesa era larga, perfectamente dispuesta, iluminada por lámparas colgantes que proyectaban un resplandor dorado sob