28. Dijiste que serías mi arma
Alessia no recordaba cómo había llegado al punto de dejar de llorar. Después del estallido, después de sacar a Vicky del cuarto a jalones, después de enfrentar a Vladimir, su cuerpo simplemente… se apagó.
Se quedó sentada al borde de la cama con la respiración entrecortada, como si cada latido fuera un recordatorio del desastre que acababa de vivir.
Vladimir no decía nada. Ni un reproche. Ni un insulto.
Solo la observaba como si estudiara cada reacción, cada gesto, cada sombra en su rostro