27. ¡Fuera de aquí, zorra!
Alessia no recordaba la última vez que sintió algo quebrándose tan rápido dentro de ella. Quizá nunca. Ni siquiera cuando vio a Vladimir con Vicky en la joyería.
Esto era distinto.
Esto era una humillación directa. Deliberada y cruel.
Vicky seguía sentada sobre las piernas de su esposo, como si fuera lo más natural del mundo. Su mano jugueteaba con el cuello de la camisa de él, mientras sus labios dibujaban sonrisas que Alessia entendía perfectamente: provocación pura.
Vladimir no la apartaba. Ni siquiera parecía incómodo. Solo estaba ahí, recostado en el respaldo, con una expresión calculada, disfrutando del efecto que causaba en ambas.
—¿Por qué… por qué haces esto? —preguntó Alessia con la voz rota, pero intentando mantener la dignidad.
Vladimir la miró, ladeando la cabeza.
No respondió.
En su lugar, tomó el muslo de Vicky con una mano, como si fuera un recordatorio visual de quién tenía el poder en esa mesa. La asistente se inclinó hacia él, rozando sus labios con los de Vladimir.