18. Hecha para su mundo oscuro
El silencio del jardín no calmaba nada.
La brisa movía apenas las hojas de los rosales, pero Alessia estaba inmóvil, con los brazos cruzados, mirando hacia el horizonte sin realmente ver nada. El peso de la noche anterior seguía oprimiéndole el pecho. No importaba que el sol estuviera alto o que el clima fuera perfecto: por dentro, se sentía temblar.
Vladimir Volkov. Su marido. El príncipe de la Bratva.
No una exageración. No un rumor. No un apodo peligroso dicho en fiestas para impresionar a o