18. Hecha para su mundo oscuro
El silencio del jardín no calmaba nada.
La brisa movía apenas las hojas de los rosales, pero Alessia estaba inmóvil, con los brazos cruzados, mirando hacia el horizonte sin realmente ver nada. El peso de la noche anterior seguía oprimiéndole el pecho. No importaba que el sol estuviera alto o que el clima fuera perfecto: por dentro, se sentía temblar.
Vladimir Volkov. Su marido. El príncipe de la Bratva.
No una exageración. No un rumor. No un apodo peligroso dicho en fiestas para impresionar a otros. Era real, estaba convencida de ello.
Y ella lo había visto con sus propios ojos: la sala oculta bajo la mansión, los hombres armados, el espía sangrando, el aroma metálico en el aire… y la expresión de Vladimir, tan fría como el acero. Sin titubeos. Sin piedad.
Cuando él se lo contó: "Mi padre era el sucesor. Mi tío ha muerto. Mi primo quiere mi cabeza." Su voz no tembló. Era una declaración, como quien dice el clima.
A Alessia le costaba respirar desde entonces.
Había creído conocerlo. Ha