17. El principe de la Bratva
La mañana parecía tranquila, pero en la mansión había una tensión espesa que no se rompía ni con la brisa del mar entrando por los ventanales.
Vladimir no había dormido mucho; aunque Alessia se había relajado en sus brazos al final de la noche, él permaneció despierto gran parte del tiempo, pensando en la amenaza, en su error con Vicky… y en cómo protegerla sin sofocarla.
Ella despertó antes, se duchó y bajó a desayunar sin esperarlo. Él la siguió, con una camisa informal y el cabello ligeramente despeinado. Se sentó frente a ella y solo recibió un asentimiento como saludo.
No era el frío glacial del día anterior… pero tampoco había regreso total de paz.
Sin embargo, algo más importante ocupó el aire de la mansión esa mañana: el movimiento silencioso de los guardias. Había más que el día anterior. Se comunicaban por radio en susurros. Revisaban puertas, ventanas, pasillos.
Vladimir lo notó inmediatamente.
Alessia también.
—¿Qué está pasando? —preguntó con un tono firme, sin apartar l