Salí de mi casa bastante enojada, vi a Joss hacerle señales a su chófer, así que este insistió en llevarme, no me negué, estaba cansada de usar el bus, las personas cada vez me apretaban más la panza, no podía darme el lujo de maltratar a mi pequeña.
Resulta que el chófer de Joss, se llamaba Javier, me lo dijo en cuanto subí al auto, era un hombre bastante parlanchín, me sentí cómoda con él, pude distraer la mente por un buen rato, hasta que por fin llegamos a la empresa.
—Señorita, ¿me permiti