Había dormido muchísimo, mi cuerpo estaba descansado pero tenía un apetito terrible, si me daban un dinosaurio, me lo comería completo, e incluso pediría los huesos para llevar.
Cuando me desperté fui directo al baño, necesitaba darme una ducha y poder espabilarme un poco, el agua caliente ayudo mis músculos los cuales se relajaron muchísimo, a mi pequeña le encantaba el agua, o por lo menos la sensación, porque justo cada vez que me daba una ducha, ella se movía muchísimo.
Salí del cuarto de b