La tarde caía lentamente sobre la ciudad, y Ares salió de la sede sumido en sus pensamientos. El peso de las revelaciones y la confrontación con Cintia habían dejado huellas en su expresión. Se dirigió hacia su todoterreno, apretando con fuerza las llaves en su mano. Mientras conducía de vuelta a casa, el silencio del vehículo resonaba con la gravedad de las decisiones que se avecinaban.
Al llegar a la casa, notó que la atmósfera había cambiado. Amelia estaba en el jardín, observando las flores