El silencio que siguió a las revelaciones de Amelia y Ares fue palpable. Máximo procesaba la información, sintiendo cómo su mundo daba un vuelco inesperado. Sus ojos oscuros recorrían el rostro de Ares en busca de la verdad, y aunque la sorpresa aún lo mantenía en un estado de incredulidad, una chispa de comprensión se encendía en su mirada.
Amelia y Ares esperaron ansiosos la reacción de Máximo y finalmente, este rompió el silencio con una sonrisa tímida, y sus ojos brillaban con curiosidad y