Damon sintió que la desesperación y el dolor brotaban en su interior. No podía creer que Lucía estuviera con otro hombre, y la idea de perderla lo llenaba de una profunda pena y tristeza.
Pero incluso en su angustia y desesperación, algo dentro de él se negaba a rendirse; estaba seguro de que Arya era Lucía, la mujer que estaba destinada a pasar la vida a su lado.
«Damon—dijo suplicante Boss, su lobo—Ella es Lucía, es su olor, no la dejes, debemos llevaría con nosotros».
Sintiéndose un poco c