Porque debajo de la tristeza en el rostro de papá, debajo de la ira, debajo de la intensa emoción... había algo peor.
Decepción.
Eso fue lo que me destrozó. Yo había querido una reacción, pero no esa. No sabía qué hacer con aquello. Así que me quedé allí, congelada, incapaz de moverme, simplemente observándolo mientras salía de la sala. Dejándome atrás. Dejándome sola con mi madre sollozante.
Mi mano se movió instintivamente hacia mi vientre. Lo sostenía y lo acunaba. Apenas unos minutos ante