—Oh, ¿volvimos a ese tema otra vez? —gruñó Asher—. ¿Es eso lo que quieres discutir aquí? ¿Ahora mismo? ¿Con Luca sentado aquí?
No pude evitarlo. Empecé a llorar. Y no fue un llanto delicado, sino uno feo. Un sollozo humillante, desordenado y desgarrador. Asher maldijo entre dientes.
—Joder. Odio esto.
Traté de contenerme, desesperada por no decepcionarlo más, desesperada por no enfurecerlo.
—Yo solo... solo creo que estás herido —tartamudeé, secándome las lágrimas con brusquedad—. Y si estás