Ariella
—No —negué, sacudiendo la cabeza—. No voy a seguir haciendo esto.
—Apenas empezaste —dijo Asher.
—Terminé.
—Corriste durante tres minutos.
—Se sintieron como dos años.
Leon se rió tan fuerte que casi se cae.
—Mamá...
—No.
—Mamá...
—No. No, no.
—Te ves y te oyes exactamente como Leon cuando también empezó sus carreras matutinas —dijo Asher con una enorme sonrisa en el rostro—. Sabía que había sacado su dramatismo de ti... —terminó riendo.
—Papá... —protestó Leon.
—Igual no vo