Ariella
Exhalé.
—Está bien.
—Te veo más tarde —dijo él.
—No llegues tarde a la cena —respondí—. Quiero una promesa.
Una pequeña sonrisa se coló en su voz.
—Está bien. Lo prometo.
—Te amo —no pude evitarlo.
—Yo también te amo.
La llamada terminó y me quedé allí un momento más, mirando mi teléfono, repitiendo la conversación en mi cabeza. Sintiéndome mucho mejor por nuestra charla y por el hecho de haber podido hablar con él y escuchar su voz, sonreí levemente y me dirigí abajo, hacia la