¿Qué podía decir yo sobre un jardín? Esto es un árbol. Aquello es un banco. Esas son rosas rojas. Era completamente ridículo. Lo miré, dándome cuenta de lo absurdo de la situación, y antes de que pudiera detenerme, estallé en risas.
—¿De qué te ríes? —preguntó él, observándome.
—De nada —dije entre risitas—. Es que eres… muy gracioso. Y estás loco.
—Sí —dijo él, inclinando la cabeza—. Supongo que para ti lo estoy.
Algo en la forma en que lo dijo me hizo dudar.
—¿A qué te refieres? —pregunt