Ariella
Cuando desperté al día siguiente, sabía que Asher no estaría allí. Parecía que nunca lo estaba.
Esperaba el espacio frío a mi lado, la silenciosa confirmación de que ya se había marchado. Pero, en su lugar, sentí calor, demasiado calor. Cuando intenté moverme, sentí que unos brazos se apretaban a mi alrededor.
Abrí los ojos... Asher estaba allí.
Me sostenía contra él, con mi espalda presionada contra su pecho y su cabeza descansando justo por encima de la mía. Su respiración era lent